Está probado que en un 90% de los casos aquellas personas que nos han causado daño, lo hubieran hecho mejor si hubieran sabido cómo hacerlo.

No obstante, los traumas vividos especialmente en nuestra infancia y la forma en la que respondemos a la vida en el presente es una reacción ante dichos traumas.

Una forma de búsqueda inconsciente de resolución a estos traumas es relacionarnos con personas que nos hagan daño en la forma que fuimos heridos cuando éramos niños.

Es como si los cables en nuestro cerebro se hubieran cruzado cuando estos eventos ocurrieron y olvidamos cómo expresar amor y crear relaciones fluyendo en libertad.

En cambio, desarrollamos características de personalidad que parecen defectos, pero en realidad son expresiones de una herida abierta que no sabemos como curar.

Por eso es tan importante la autoindagación, la auto observación en esos momentos en los que estamos repitiendo ciertos dramas en nuestra vida.

Ponernos a un lado del drama, ver el trauma, sentirlo y preguntarnos con calado y con hondura:

  • ¿Qué es lo que estamos haciendo para atraer personajes que actúen en la película de nuestra vida con drama?
  • ¿Qué clase de persona estamos atrayendo a nuestra vida?
  • ¿Personas que nos rechazan y critican? ¿parejas que no nos apoyan? ¿jefes que no nos valoran o ignoran? ¿Parejas que no nos apoyan? 
  • ¿Cuáles son las conductas que hemos desarrollado para asegurarnos de que este drama continúe repitiéndose?

Entonces, preguntarnos quién fue esa persona importante en nuestra infancia que nos rechazó y critico. Qué personaje o figura importante nos desvalorizó y se negó a ayudarnos y apoyarnos cuando éramos niños.

Reconocer y comprender esta clase de eventos, nos lleva a integrarlos y trascenderlos. Liberamos el dolor y desde la compasión podemos ver que si ellos hubieran sabido cómo hacerlo lo habrían hecho mejor.

Volvemos a nuestro instante presente para asumir conscientemente nuestra responsabilidad de hacerlo mejor.