Cada día que vivimos es una experiencia cambiante y volátil, que nos invita a seguir surfeando sobre las olas de la incertidumbre.
Cada ola representa una posibilidad de emocionarnos con ella, de subir y montarla en la dirección en la que fluye, haciendo lo mejor que podamos.
Cuando las circunstancias cambian repentinamente y una cantidad abrumadora de acciones y decisiones son precisas, es mejor observar y fluir con ese oleaje mientras aprendemos.
La metáfora del surf nos da la idea visual de una forma de afrontar la incertidumbre, característica invariable de este mundo en el que experimentamos nuestra vida.
La vida es como un océano
Vamos a imaginar la vida como un océano, lleno de olas impredecibles.
Para un surfista las olas son su elemento. Él espera cada nueva ola para saltar sobre la tabla de surf, leyendo la ola lo mejor que puede. Navega por ella a medida que rompe, aprendiendo a montarla tal y como se da.
Para nosotros es otra posibilidad de dejar el control y fluir con el caos, el cambio y el movimiento, con la determinación de hacer lo mejor en cada instante.
Para fluir con determinación con cada nueva ola de nuestra vida, es preciso aceptar serenamente el movimiento y el cambio constantes. Y confiar en nosotros mismos para mantener nuestro equilibrio mental, emocional, espiritual y físico.
¿Qué pasaría nos acercáramos a cada día con una actitud de confianza y serenidad, conscientes de que no controlamos nada en este mundo?
¿Cómo aprender a surfear sobre las olas de la incertidumbre?
Como todo en esta vida, se requiere práctica. El lugar más importante para practicar es en nuestro borde, es decir, en esas circunstancias donde las cosas no son tan fáciles, pero tampoco tan desafiantes como para que parezcan imposibles.
Primero hay que descubrir dónde está nuestra oportunidad de subir a la ola:
Tal vez sean mañanas caóticas. A lo mejor sea asumir un proyecto desafiante. Puede ser que se trate de conversaciones difíciles, de llegar a tiempo a nuestras citas o comer de forma responsable.
Luego, cuando encontremos este borde, permitirnos sentir lo que nos incomoda.
Luego preguntarnos: ¿Cómo nos relacionamos con esa incertidumbre? ¿Experimentamos resistencia y miedo al momento de abordar ese desafío? ¿Desearíamos no haberlo elegido? ¿Quisiéramos huir para distraernos o dedicarnos a algo inútil? ¿Cómo nos sentimos y nos calificamos?
Al hacer este ejercicio desde la curiosidad y la observación conscientes, lo convertimos en oportunidad para ir más allá de nuestros límites imaginarios.
Cuando seamos conscientes del temor a la incertidumbre, nos enfocaremos en subir a esa ola y navegar por ella de forma decidida y fluida. Nos enfocaremos en cómo fluir en la dirección de cada ola, tratando de tomarlo de forma relajada y divertida.
Hay que jugar con este enfoque, mirar lo que podemos crear, lo que podemos descubrir y darle un poco de ligereza.
A medida que practiquemos, veremos que el caos y los cambios inesperados no son necesariamente generadores de estrés, sino simplemente algo con lo que podemos fluir.
No hay que tomarnos la vida tan en serio. Usemos la curiosidad junto con la voluntad y sigamos surfeando sobre las olas de la incertidumbre.
Está permitido desear caminos simples, fáciles y directos. Sin incertidumbre, sin decisiones difíciles y sin nada abrumador.
Pero la vida es un camino incierto, de decisiones constantes y de cambios, muchas veces abrumadores. ¡Eso es lo que la hace tan hermosa!
Contáctame y te ayudaré a implementar los cambios que necesitas para mejorar tu calidad de vida a partir de la gestión de tu mundo emocional.