Todos nacimos con el poder interno y las capacidades para desarrollar nuestros potenciales, pero en el proceso de crecer, nos desconectamos de ellos gracias al miedo y a creencias que heredamos y que nos infundieron.
Las creencias tienen una razón de ser y representan valores, pero es necesario reconocer que muchas de ellas han limitado nuestra libertad emocional y el sentido de nuestra vida.
Para liberarnos de todas aquellas creencias que limitan la expresión de nuestros potenciales, hemos de aprender empoderarnos, recuperar la confianza en nuestros dones y en nuestra misión en esta tierra.
Necesitamos empoderarnos para aprender a caminar al margen del victimismo y asumir responsabilidad por la única vida que tenemos para realizar, la nuestra.
La mente consciente o racional no sabe vivir en el presente. Nos mantiene entre el resentimiento y la culpa por el pasado o, en el miedo y la angustia por el futuro, generando estrés y ansiedad.
Empoderarnos implica entrenar la mente a vivir en el presente y comprender el miedo como recurso creativo.
Cómo entrenar nuestra mente
- Perdonándonos por los sufrimiento que causamos y que nos causamos.
- Dejando de juzgar.
- Viviendo en el presente.
- Dejando ir conscientemente.
- Buscando apoyo para sanar las heridas de la infancia.
- Cambiando el “debo de” o “tengo que” por “puedo” “elijo” o “decido”
- Emprendiendo nuevos retos y abandonamos la zona de comodidad.
- Abandonando el deseo de controlar.
Vivir desde nuestro poder interno promueve el cambio, el bienestar emocional y salud física, mental y espiritual.
Viktor Frankl, neurólogo, psiquiatra y filósofo austríaco, quien sufrió los rigores de los campos de exterminio, nos enseñó con su propia trascendencia que: “el ser humano cuenta con la libertad interior de elegir. Que, sean cuales fueren nuestras circunstancias podemos elevarnos por encima de nuestros condicionamientos personales, familiares o sociales. Y enfatiza en que “el hombre se auto realiza en la misma medida en que se compromete al cumplimiento del sentido de su vida.”
María Helena Bridgman